Tiempo... Mucho tiempo ha que no se escribía nada por aquí. Y es que a veces, suele suceder que cuando piensas que nadie se acuerda de esto, aparece un: "Hecho de menos leerte"; así, que hoy y sin pensar mas, se desempolva la musa que estaba guardada en el ultimo estante, allá detrás del todo, y volvemos a intentar escribir... Y va por ti!

Tiempo... El tiempo pasa y las cosas se van sucediendo, para bien o para mal, pero ahí que se suceden y se quedan, como ladrillos, formando el muro en el cual se pinta nuestra vida. Y es que ladrillo a ladrillo, también se endurece esa parte que sentimos dentro de cada uno, sí, eso que todos sabemos que tenemos pero que no podemos llamar cuerpo, ¿alma quizás? ¿sentimiento? ¿emotividad? ¿sensibilidad?
Eso que cada uno de nosotros llamamos de una forma, nos hace ser diferentes respecto a los demás. Sabemos que nuestro código genético es lo que realmente nos hace diferentes entre nosotros, pero al fin y al cabo todos terminamos teniendo dos ojos, dos orejas, dos piernas, y todos, en esto, somos iguales dentro de una grande, pero a la vez mínima variedad...

En donde si somos totalmente diferentes es en la forma en que
Eso que comentábamos antes se manifiesta. Y es que en la intimidad demostramos como somos.
Intimidad es esa zona espiritual, intima y reservada de una persona, o también de un grupo ¿no? Pues cuantas veces hemos compartido intimidades con otra persona. Podríamos crear un bucle y atar la cabeza de estas ideas con el principio del párrafo, al mencionar aquí las consecuencias negativas del acto de sincerarse con los demás. Pero no vamos a enfocar eso hoy. Vamos a recorrer la otra parte, la positiva.
Durante estos últimos meses he estado ensayando un oratorio que año tras año ofrecemos poco después de pasar las navidades. Ya sabéis, coro, orquesta, partituras, cuerdas y sobretodo... director. Este año, directora. Tal vez fuese la sensación de suficiencia a causa de conocer demasiado bien la partitura (pues ya son 10 años cantando el Messies de Haendel) o tal vez fuese la relación de amistad con ella, pero esta vez, mis ojos no salían del centro neurálgico del grupo. Siempre me ha fascinado la capacidad que deben de tener los directores para poder tener todos los elementos en la cabeza, ademas del tempo, moduladores, entradas, etc... Siempre pensaba que estaban hechos de una pasta diferente a la nuestra, a pesar que tienen la base genética parecida, ¿que debía de ser entonces? ¿el alma? ¿el sentimiento? ¿la emotividad? ¿eso?

Y este año me dio por fijarme y terminé descubriendo cosas muy bonitas. Me fijé en las direcciones de la batuta, me fijé en sus manos, me fijé en su cara, me fijé en sus ojos, me fijé en su cuerpo... Era toda ella la que hablaba, no solo su boca, sino todo su ser el que transmitía esa intimidad que decidía compartir con nosotros. Y lo mejor vino en el momento de un solo. Desde la primera nota, la distancia entre la directora y la interprete desapareció por completo, una era prolongación de la otra, era un hilo invisible a la vista, el que las unía, pero quedaba totalmente patente a la sensibilidad de eso. Era un acto tan bonito y tan intimo que apenas podía mantener la mirada en ellas sin sentir incluso, un poco de vergüenza por violar esa intimidad.
Y desde ese momento del ensayo, cada vez que la directora se dirigía a nuestra cuerda, no podía sino, mas que reconocer el trabajo, el ímpetu, las ganas y la intimidad que compartía con todos nosotros, doblando el esfuerzo por hacerlo todo bien. Fue un placer, en el mas puro sentido de la palabra, ser dirigido por ella.
Y finalmente, dias después, al finalizar el concierto, la interprete del magnifico solo me confesaba que efectivamente, su voz no es producto de su garganta en esos momentos, sino que queda sujeta a la fuerza que la directora le transmite durante el acto.
Un olé por la directora! Y hasta pronto. ^^
P.P: prometo intentar no volver a utilizar la 1a persona del singular para escribir, pero llevando el titulo que lleva esta entrada era totalmente necesario. Predicar con el ejemplo!













